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Escape y refuerzo

Dos jóvenes jugaban a enamorarse... ¿sabían que jugaban a quitarse el alma mutuamente?


Holil: Caldiomel... es que estoy perdiendo la cordura.
Caldiomel: ¿Y? Tú y yo sabemos que es la mejor bendición. Además, todos dicen estar cuerdos, querido. ¿Pero, realmente quieres saber la verdad?
Holil: [Se acerca intrigado] ¡Sí! Claro.

Caldiomel: [Bruscamente] ¡Nadie existe, entiéndelo!
Holil: [Haciéndose hacia atrás] ¡Estás loco! No debí pedirte ayuda nunca.
Caldiomel: [Se echa a reír] Te recuerdo que yo, soy parte de ti. O sea, soy tú. Así que los dos estamos igual de cuerdos y locos, Holil.
Holil: ¡No es cierto! Tú... no existes.
Caldiomel: Y mucho menos tú.
Holil: ¡Deja de hablar!
Caldiomel: ¿Qué es lo que quieres? Sabes que puedo matarte, así que habla rápido.
Holil: Es que... [Pausa]
Caldiomel: ¡Carajo! Habla.
Holil: Me enamoré. [Baja la mirada]
Caldiomel: [Perplejo] ¡¿Qué has dicho?! [Se abalanza sobre él tumbándolo al piso]
Holil: Lo mismo que te pasó a ti con Ébano. [Subiendo el volumen; retándolo] La misma y gran estupidez que se te ocurrió a ti: ¡Enamorarte!
Caldiomel: [Lo suelta y se sienta] No [Calmado] yo nunca la amé; ella fue la que se enamoró; ella jugó conmigo y se lo merecía. Pero... ¡eres un pendejo! ¿No entiendes que el amor no existe?
Holil: ¡No lo sé!
Caldiomel: Pues ya bastante has sufrido y vivido como para saberlo de una puta vez, ¿no crees?
Holil: Pero... sí existe, yo lo sé.
Caldiomel: Ajá y seguro yo no estoy en un manicomio [Se echa a reír]
Holil: Deja de burlarte. No es mi problema que tú ni si quieras hayas tenido el amor de tu familia. [Se sorprende por lo que ha dicho y se tapa la boca]
Caldiomel: ¿Qué dijiste?
Holil: Nada, me tengo que ir.
Caldiomel: Somos amigos, ¿lo sabes? Quédate, sabré cómo ayudarte para... [Es interrumpido]
Holil: No, prefiero quedarme así y no vacío como tú.
Caldiomel: [Sarcástico] Eres tan inepto e inservible como siempre. Yo, por lo menos, puedo analizar las cosas de forma objetiva y sin involucrar a los nefastos sentimientos que sólo me llevarán a la destrucción propia. Ja ja ja, eres tan predecible . Dime, ¿cómo se llama?
Holil: Ni creas que te lo diré.
Caldiomel: Anda, confía en mí. Espera... [Hace una pausa y se toca el cabello] ya sé quién es.
Holil: No es cierto.
Caldiomel: ¿No se llama acaso... [Es cortado]
Holil: ¡Cállate! No lograrás que llegue a matar a esa persona. No estoy loco. [Se va]
Caldiomel: ¡Estás tan loco como yo! ¡Somos uno! Huye... yo me encargaré de hacerlo, pues recuerda que soy tu subconsciente, pequeña zarigüeya.



1 comentarios:

  1. Hay un cuento muy bonito de Arreola que seguro te gustará. Lo busco y luego te lo rolo.

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